Descripción
¿Cómo te llamas y cuántos años tienes?
Me llamo Iker y tengo 40 años.
¿A qué te dedicas?
Trabajo como contable.
¿Con qué orientación sexual te identificas?
Soy homosexual.
¿Cuándo comenzaste a sentirte diferente a los demás?
Fue alrededor de los doce o trece años, durante mi despertar sexual. Recuerdo que mi curiosidad por la anatomía masculina crecía, era algo excitante, aunque también me generaba miedo. Me angustiaba tener que cambiarme en los vestuarios del colegio, por si mis hormonas decidían manifestarse en forma de erección.
¿Y cuándo supiste con certeza que no eras heterosexual?
Lo supe con 18 o 19 años. Empecé a salir con mi mejor amiga de entonces. Íbamos poco a poco… nuestra canción era *La princesa de mis sueños*, de OBK. Pero lo cierto es que, en mis sueños, la protagonista no era una princesa, sino un príncipe. Un compañero de clase. Los sueños eran recurrentes, sensuales, casi siempre con él. Irónicamente, él siempre hablaba de chicas.
Recuerdo contarle a mi amiga lo que me ocurría, usando como guiño otra canción de OBK: “Oculta realidad”. Ese mismo año besé por primera vez a un chico. No era mi príncipe, pero fue increíblemente excitante.
¿Has sufrido agresiones verbales por tu orientación?
Nunca de forma directa. Pero sí he escuchado muchas veces la palabra “maricón” usada como insulto, de forma alegre y despectiva. Cuando eso pasa, se me remueve algo por dentro. No puedo evitarlo.
¿Y agresiones físicas?
No, nunca.
¿Has sufrido alguna agresión sexual por tu sexualidad?
Tampoco.
¿Comentarios homófobos por parte de profesores?
No. Por suerte, no.
¿Tu familia sabe que eres gay? ¿Cómo fue ese proceso?
Sí. La primera en saberlo fue mi madre. Cuando lo dejé con mi novia, ella fue quien se lo contó. Así que mi madre vino a hablar conmigo directamente. Hubo lágrimas, claro, pero nunca sentí rechazo.
Mi madre se lo explicó a mi padre, cuya primera reacción fue decirme: “Sobre todo, usa protección”. Poco después, lo supo casi toda mi familia. Nunca me han tratado diferente. La verdad, tengo una gran familia, tanto en número como en calidad humana.
¿Qué ha sido lo más negativo que te ha traído tu sexualidad?
Aunque en casa siempre me he sentido libre, fuera de ese entorno me he cohibido mucho. Siempre he sido muy reservado, incluso con amigos y compañeros. Supongo que por miedo, o quizás por una vergüenza mal aprendida.
Con los años, eso ha ido cambiando. La madurez ayuda, y también el progreso en la normalización del colectivo.
Curiosamente, a veces me he sentido más atacado por ser fan de Michael Jackson que por ser homosexual.
¿Alguna vez pensaste en el suicidio como solución al rechazo?
No.
¿Tienes miedo de ser agredido en público por tu sexualidad?
No especialmente. No es algo que me preocupe en mi día a día.
¿Te muestras libremente afectuoso con tu pareja en público?
No soy muy dado a mostrar cariño fuera de casa. Pero si alguna vez le doy un beso a mi pareja en público, lo hago casi inconscientemente mirando alrededor, por si hay alguien observando. Es un acto reflejo, supongo.
¿Intentaste cambiar tu orientación en algún momento?
No.
¿Crees que todo lo negativo que has vivido por tu sexualidad sigue afectándote hoy?
Sí, de alguna forma siempre afecta. Las heridas dejan cicatrices. Pero también creo que esas cicatrices te hacen más fuerte.
En mi caso, ser quien soy me ha traído muchas más cosas buenas que malas. Y eso, claro, ayuda mucho a reconciliarse con todo lo vivido.
¿Qué le dirías a tu “yo” de 8 años?
Nada. No cambiaría nada. Soy quien soy por todo lo que he vivido. No me arrepiento.






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