Descripción
¿Cómo te llamas y cuántos años tienes?
Soy Ramón, tengo 33 años.
¿A qué te dedicas?
Soy diseñador de moda, aunque actualmente llevo la parte contable de la empresa familiar. No es lo que soñaba exactamente, pero es parte de la vida también.
¿Con qué orientación sexual te identificas?
Soy gay.
¿Cuándo comenzaste a sentirte diferente a los demás?
Desde muy pequeño. Sentía una atracción clara hacia otros chicos, aunque en ese momento no tenía las palabras o el marco para entenderlo. Solo sabía que había algo en mí que no coincidía con lo que se esperaba.
¿Y cuándo supiste con seguridad que no eras heterosexual?
Cuando empecé a crecer y, sobre todo, a informarme. Recuerdo que fue casi una revelación: darme cuenta de que lo que me pasaba no era malo. Que no estaba solo. Que había otras personas como yo.
¿Has sufrido agresiones verbales por tu sexualidad?
Por supuesto. Era algo habitual. En mi época, ser saludado con un “¡maricón!” era casi el pan de cada día. Las miradas, los cuchicheos en los vestuarios cuando tocaba educación física… se volvieron parte del paisaje. Como una niebla constante que tenías que aprender a ignorar para poder seguir.
¿Y agresiones físicas?
Muy pocas. Siempre fui de los que, si veía que podía haber un encontronazo, cruzaba de acera. Aprendí a esquivar antes que a enfrentar. No por cobardía, sino por supervivencia.
¿Has sufrido alguna agresión sexual?
No. Afortunadamente, no he vivido ese tipo de violencia.
¿Has escuchado comentarios homófobos por parte de algún profesor?
Estudié en un colegio de curas, así que… no, nunca escuché comentarios homófobos directos. Pero tampoco hubo apoyo. Era esa actitud pasiva de “ver, oír y callar”. Nunca se defendía la causa. Nunca se nombraba. Y ese silencio también dolía.
¿Tu familia conoce tu orientación sexual? ¿Cómo fue ese proceso?
Sí, lo saben. Me conocen al cien por cien, pero fue un proceso complicado. Al principio no querían saber nada de mí. Fue muy doloroso, aunque también intento ponerme en su lugar. Mis padres ya eran mayores y nadie les había enseñado que esto podía ser algo normal.
Con el tiempo, fueron ellos quienes buscaron información, quienes se movieron. Se dieron cuenta de que el problema no era yo, sino su falta de herramientas para entenderlo. El apoyo de familiares y amigos más abiertos de mente fue clave.
Nunca olvidaré cuando mi madre entró una noche en mi habitación, se sentó a mi lado y me pidió perdón por todo. Ahí fue cuando sentí paz de verdad.
¿Qué es lo más negativo que te ha dado tu sexualidad?
No creo que mi sexualidad me haya dado nada negativo. Lo negativo siempre vino de fuera, de la sociedad.
¿Has pensado alguna vez en el suicidio como salida al acoso o al rechazo?
No. Siempre me he considerado una persona fuerte. Hubo un momento en el que decidí que me daba igual lo que pensara el resto. Mientras tuviera el apoyo de mi gente, lo demás no importaba.
¿Tienes miedo a sufrir una agresión en público por ser quien eres?
No. Nunca lo he tenido y no pienso tenerlo ahora. No pienso vivir con miedo por algo que es tan absurdo como odiar a alguien por amar.
¿Te sientes libre para ir de la mano de otra persona o mostrar afecto en público?
Hace muchos años que lo hago. Nunca me he ocultado detrás de nada ni de nadie. Para mí, eso también es una forma de resistencia.
¿Has intentado cambiar tu orientación sexual alguna vez?
Jamás. Uno puede cambiarse el peinado, ponerse lentillas, operarse la nariz… pero lo que sientes, lo que eres, no cambia. Por muchas terapias que hagas. Pensar lo contrario me parece francamente ridículo.
¿Crees que lo negativo que has vivido por tu sexualidad te afecta aún hoy?
A mí, personalmente, no. Pero sí he conocido a muchas personas que siguen marcadas por ello. Y eso es lo que más duele: ver que el dolor no se va, solo cambia de forma.
¿Qué le dirías a tu “yo” de 8 años?
Le diría: “Adelante. Sé fuerte. Sé tú mismo. Y nunca, nunca dejes que nadie te cambie. La normalidad es solo lo que tú decidas que sea”.






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